Cómo se vivía un apagón en los años 60: contexto y vida cotidiana

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Contexto histórico de los apagones en los años 60

La década de 1960 fue testigo de grandes transformaciones sociales, tecnológicas y culturales. Sin embargo, también existieron momentos en que la vida cotidiana se detenía abruptamente debido a cortes prolongados de energía eléctrica. Sin sistemas de respaldo sofisticados ni redes inteligentes, un simple fallo en una planta de generación o en una línea de transmisión podía dejar a miles de hogares y negocios sumidos en la penumbra durante horas o incluso días.

En ciudades como Nueva York, Madrid o Buenos Aires, los apagones se convertían en parte de la anécdota diaria. El apagón de 1965 en la costa este de Estados Unidos, por ejemplo, paralizó el transporte, detuvo fábricas y obligó a decenas de miles a improvisar velas y lámparas de keroseno. Según el informe de la History Channel, la falta de un sistema de distribución redundante dejó al noreste americano sin luz durante 13 horas consecutivas.

Preparativos y organización familiar

Ante la posibilidad de quedarse a oscuras, las familias de los años 60 solían tener ciertos recursos y costumbres que hoy resultan pintorescos:

  • Velas y quinqués: Siempre había un pequeño cajón con velas de cera y un quinqué de aceite listo para usarse.
  • Linternas manuales: De metal, con manivela para cargar una batería interna.
  • Radios de pilas: Permitían seguir las noticias y saber cuándo volvería la electricidad.
  • Provisiones no perecederas: Enlatados, galletas y conservas eran básicos en la despensa.

En muchas casas, la nevera se vaciaba ligeramente por si el apagón se prolongaba demasiado. Era común que las vecinas coincidieran para intercambiar alimentos frescos a la luz de una vela o llevarlos a casas con generador propio.

La experiencia del apagón

Cuando el interruptor general caía, el mundo cambiaba de repente:

  1. Se apagaban las luces del salón, la cocina y las lámparas de la calle.
  2. Las conversaciones se interrumpían y, al principio, sobrevenía el silencio absoluto.
  3. Un leve murmullo colectivo se elevaba: voces que buscaban linternas, pasos apresurados y el crepitar de la cera al encender una vela.

Niños y adultos experimentaban sensaciones enfrentadas: temor a lo desconocido —pues todo se volvía denso y oscuro— y, al mismo tiempo, emoción ante la aventura imprevista. Muchos aprovechaban para jugar a las sombras chinas, contar historias de miedo o simplemente reunirse en torno a la mesa iluminada por un quinqué para compartir anécdotas familiares.

Entre la oscuridad y la creatividad

Lejos de ser simplemente una molestia, los apagones fomentaban la inventiva:

Adaptaciones habituales durante un apagón
Objeto cotidiano Uso alternativo
Cuchara de metal Percusión casera para amenizar la velada
Tijeras Exprimidor de naranjas improvisado
Cartulina Proyector de sombras para narrar cuentos
Lata vacía Portavelas protector contra corrientes de aire

El ingenio no solo se quedaba en el hogar. Algunas comunidades montaban pequeñas ferias nocturnas con puestos de comida a la luz de antorchas o linternas de carburo, convirtiendo el corte de luz en una excusa para socializar en la calle.

Antes de internet y la televisión a color, un apagón era terremoto y carnaval al mismo tiempo. — Martínez, A. (1965)

Recursos comunitarios y solidaridad

Sin redes sociales ni teléfonos móviles, la información se difundía de boca en boca o a través de la radio a pilas. Los clubes de vecinos se organizaban para coordinar asistencia a personas mayores o enfermas. Se establecían puntos de reunión, casi siempre en casas con generadores o en iglesias provistas de luz de emergencia.

Se pusieron en marcha cadenas de favores donde:

  • Se compartían alimentos calurosos cocinados en fogones de leña.
  • Se ofrecía alojamiento temporal a quienes vivían en edificios altos y no contaban con escaleras iluminadas.
  • Los empresarios locales prestaban faroles y baterías.

En algunos casos, la solidaridad traspasaba límites geográficos: radios comunitarias transmitían mensajes de ayuda y ‘comparecencias’ en directo para coordinar el flujo de recursos.

El legado y la memoria colectiva

Para quienes lo vivieron, un apagón de los años 60 no fue sólo un corte de energía, sino un momento de conexión humana. Las historias de aquellos episodios han llegado a nuestros días cargadas de romanticismo y enseñanza:

  • Valor de las relaciones vecinales cuando falla la tecnología.
  • Ingenio sencillo frente a la adversidad.
  • Capacidad de convertir un problema en oportunidad para crear comunidad.

Hoy, con aplicaciones móviles que informan al instante y plantas de energía con respaldo, resulta difícil imaginar la intriga que generaba el inicio de un apagón. Sin embargo, al recordar aquellas veladas improvisadas, guardamos una lección: las dificultades pueden unirnos y sacar lo mejor de nuestra creatividad.

Para profundizar en este tema, puedes consultar en línea el archivo histórico de electromecánica en History.com o explorar los relatos de testigos en el sitio de Wikipedia.

La noche sin luz en los años sesenta nos enseñó que la verdadera claridad está en nuestras relaciones, no en la bombilla encendida. — Gutiérrez, M. (1968)

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