Qué es una dehesa y por qué es un ecosistema único en Europa

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Introducción

La dehesa es un paisaje agrario y forestal singular de la Península Ibérica que combina encinares, alcornoques y pastizales en un mosaico abierto. Este sistema tradicional de uso humano sostenible ha dado lugar a uno de los ecosistemas más emblemáticos de Europa, con gran valor ecológico, económico y cultural. A simple vista puede parecer un simple monte adehesado, pero bajo esa apariencia hay una compleja red de interacciones entre flora, fauna y actividades humanas que lo hace único. En palabras de Francisco Sánchez, experto en agroecología, “La dehesa es uno de los ecosistemas más característicos de la Península Ibérica, donde la simbiosis entre hombre y naturaleza alcanza un equilibrio milenario”[1].

Origen e historia de la dehesa

Sus orígenes se remontan a la época romana, cuando comenzó la explotación de los montes mediterráneos mediante un laboreo muy conservacionista. A lo largo de los siglos, la dehesa ha evolucionado bajo criterios de manejo extensivo: el pastoreo de ganado, la recogida de corcho y hongos, la pizca de bellota y, más tarde, el cultivo de cereales en pequeñas parcelas. Este modelo de uso humano ha permitido conservar la cubierta arbórea sin caer en la sucesión ecológica hacia matorrales o bosques densos.

Durante la Edad Media, las dehesas fueron parte fundamental de las economías señoriales y locales: daban pasto al ganado, bellota para el cerdo ibérico y suministraban leña y corcho. A día de hoy, continúan siendo un elemento vertebrador en regiones como Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y el Alentejo portugués.

Características principales

La dehesa se define por tres ingredientes básicos: un arbolado disperso, un sotobosque abierto y una cubierta herbácea variada. Estos elementos se combinan para crear un ecosistema de alta biodiversidad:

  • Arbolado disperso: Encinas (Quercus ilex), alcornoques (Quercus suber) y quejigos (Quercus faginea) distribuidos a baja densidad (20–40 árboles por hectárea).
  • Sotobosque: Pastizales compuestos por gramíneas y leguminosas, con manchas de jara, brezo y otras especies leñosas.
  • Uso ganadero: Pastoreo de ovejas, vacas y cerdos ibéricos, que aprovechan la bellota en otoño e invierno.
Principales especies en la dehesa
Vegetación Fauna emblemática
Encina (Quercus ilex) Cerdo ibérico (Sus scrofa)
Alcornoque (Quercus suber) Ciervo (Cervus elaphus)
Pastos mediterráneos Aves rapaces (águila imperial, búho real)

El efecto abierto del arbolado favorece la luz solar sobre el pastizal y reduce la sombra excesiva, mientras que el suelo permanece protegido gracias a la hojarasca y la retención natural de agua.

Importancia ecológica y cultural

La dehesa es un refugio para numerosas especies amenazadas. Aquí encuentran cobijo aves esteparias como la avutarda (Otis tarda), mamíferos en peligro como el lince ibérico (Lynx pardinus) y variedad de invertebrados. Su biodiversidad se nutre tanto de la continuidad espacial como de la gestión extensiva que impide la simplificación del paisaje.

Desde un punto de vista cultural, constituye un patrimonio vivo de gran riqueza: tradiciones pastoriles, fiestas del cerdo ibérico, elaboración de quesos y derivados del corcho. El proverbio popular afirma: “Sin dehesas, no hay jamón ibérico”, lo cual ilustra la estrecha relación entre este ecosistema y la identidad gastronómica de la región.

Además, la red de dehesas contribuye a la fijación de carbono y a la mitigación del cambio climático, gracias a la gran cantidad de biomasa arbórea y al uso del suelo sin laboreo intensivo.

Gestión y conservación

La clave para mantener la salud de la dehesa radica en una gestión multifuncional que combine producción y conservación. Entre las principales prácticas están:

  1. Rotación de pastos: Evitar el sobrepastoreo y permitir la regeneración de la cubierta herbácea.
  2. Repoblación controlada: Plantar ejemplares de encina y alcornoque para rejuvenecer el arbolado.
  3. Extracción sostenible de corcho: Respetar el ciclo de extracción cada 9–12 años para no dañar los árboles.
  4. Control de plagas y enfermedades: Vigilar hongos como Phytophthora cinnamomi y gestionar la sanidad del arbolado.

Organizaciones como WWF España ofrecen guías prácticas para la conservación de dehesas (WWF España) y la Junta de Andalucía dispone de programas de apoyo a propietarios (Junta de Andalucía).

Conclusión

La dehesa es mucho más que un paisaje: es un testimonio vivo de convivencia armónica entre la actividad humana y la naturaleza. Su complejidad ecológica, unida a un rico patrimonio cultural y a un modelo productivo sostenible, la convierten en un ecosistema de referencia en Europa. Protegerla y gestionarla adecuadamente resultará clave para garantizar recursos tan valiosos como el corcho, la bellota y la biodiversidad silvestre en las próximas décadas.

Referencias

  1. Sánchez, Francisco. “La dehesa y su equilibrio milenario”. Revista Agroecología Hispánica, 2020. Disponible en https://www.agroecologia-hispanica.org/dehesa.
  2. WWF España. “Conservación de la dehesa”. Consultado en 2024. https://www.wwf.es/nuestro_trabajo/biodiversidad/dehesas/.

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